ROJO. Una historia de Amor y Asombro.

M

Todavía lo recuerdo tan claro: De mediana edad cuya edad aparente era infinitamente más grande que la real. Gastado el hombre. En la cama de hospital luego de haber cercenado 3 de los 5 dedos de la mano derecha, quedando sólo meñique y pulgar, estaba más herido del alma y del espíritu que del cuerpo. . . y eso era decir mucho para quien  lleno de cicatrices corpóreas, si hubiera sido el antiguo oeste, las cachas de sus pistolas debían haber tenido innumerables muescas.

Solo recuerdo su apellido: Rojo. Allí en la cama del hospital cuando le compartimos que Cristo era Hijos de Dios, Dios plenamente y Hombre plenamente, y que siendo Dios había encarnado su naturaleza divina en una humana finita, para morir en nuestro lugar y satisfaciendo la paga del pecado que es muerte, en sí mismo y sin merecerlo, pudiera ofrecer el perdón de Dios y la vida eterna al que lo quisiera tomar, que pudiera creer y recibir a Cristo en su corazón. Se sorprendió mucho.

Nunca oí historia semejante” nos dijo. “¿Quién querría morir en mi lugar para dejarme sin culpa, sin pecado?… necesito tal dosis de drogas diarias que necesito delinquir para poder pagarla” –decía-  y me he tenido que llevar muchos de encuentro”.

Le mostramos la Biblia. Creyó. Recibió allí mismo a Cristo. Cuando terminamos de orar su rostro había cambiado. Frente a nuestras narices rejuveneció bastante  y sobre todo, su rostro develaba algo intangible pero real: PAZ  INTERIOR producto de su Paz con Dios su creador. Estaba perdonado. Estaba limpio. Estaba libre. Y estaba encendido de poder espiritual. Todo allí mismo.  En unas semanas aprendió a leer y escribir porque quería saber más de la Biblia.

Intentamos meterlo a un centro de rehabilitación pero dijo que no lo necesitaba. “Si  este Dios es quien ustedes  y la Biblia dicen que es, no necesitaré nada más”. Y así fue. ¿Síndrome de abstinencia? Para nada. ¿Recaídas? Jamás hasta donde supe de él.

Una vez lo recogimos tirado y ensangrentado en sus ropas en uno de los muelles… pensamos que había reñido pero estábamos equivocados. Había sido golpeado por policías queriendo extorsionarlo. No le creyeron que era un hombre nuevo. Les predicó y se lo sonaron muy feo. Lo tuvimos varios días cuidándolo hasta que casi sanó. Dos días antes de que se recuperara por completo nos dijo: “Me voy. Hay tantos que nunca han escuchado esta historia de Jesucristo. Tengo que decirles que pueden ser libres.”

La última vez que supe de él hace muchos años estaba en prisión en un estado muy al norte del país. Le arrestaron en una redada mientras el predicaba a otros como él. Se probó su inocencia pero no quiso salir. “Aquí hay muchos que necesitan oír esta historia”.  Tenía si mal no recuerdo un año metido allí sirviendo a los necesitados y contando la más increíble historia de amor jamás contada: “Cristo es el hijo de Dios, cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.  Y al hacerlo trae paz, libertad, limpieza, sanidad y vida eterna.

Recién leí declaraciones del escritor Saramago en ocasión de su libro CAIN, diciendo que la Biblia es la causa de los malestares del Hombre. Y recordé entre ya miles que he visto, a Rojo.

Y supe que el escritor no sólo no tiene razón… le urge encontrarse con esta historia y creerla para su bien…  para que encuentre la paz que sobrepasa el entendimiento y guarda los corazones en el tiempo… y en la eternidad.

Qué bueno saber que hay una verdad verdadera y eterna en la que uno puede confiar. La Biblia. Parafraseando a Ethard Bergerd en su poema Todo Pasa recorde cuando dice:

“Todo pasa.

Sólo la Palabra de Dios es eterna.

Sólo ella nos mantiene sanos

en el tiempo

y en la eternidad. “

 Un cordial saludo.

David.