EL DESAFIO DE LA CRUZ Y LA RESURRECCION.

EL DESAFIO DE LA CRUZ Y LA RESURRECCION.

Estaba hace un rato sentado en un restaurante. Invité a un amigo muy querido a comer. Gustamos de la compañía, del la comida, de la atención. Fue bueno verle otra vez.

Sin embargo algo sucedió cuando trajeron la cuenta de los servicios.  Tomé la cuenta para pagar pues yo había invitado y expresamente había comentado que yo asumiría todo precio/costo de la reunión.
En el gentil y típico forcejeo de la cuenta le dije: “Déja ya, que yo la pagaré. Yo te dije que lo haría.
Me dijo entonces sonriente: “No te preocupes David, en realidad no te creí que lo decías en serio pero no hay problema, me vine preparado y yo pagaré lo mío y tu paga lo tuyo“.
Pero si yo no pago tu cuenta porque tu no aceptas que yo la pague, la tendrás  que pagar tu mismo. Alguien tiene que pagarla. Si no me dejas pagarla, la tendrás que pagar tu” le comenté.
Solo tenía que reconocer que había una deuda a su nombre en el ticket del restaurante, y luego aceptar que yo como regalo ofrecido, le pagara dicha deuda.
Estar agradecido por mi  gesto de amor filial de amigo si acaso, era suficiente.
Mas no le pude convencer, y así fue como él quiso. De súbito me transporté -como aquella imagen del crítico de comida en la película Rattatouille que al probar el guiso se remonta a su infancia- al 23 de Marzo 1978 cuando me fue ofrecida una oferta similar, y yo acepté.
Aquella tarde Dios me visitó, y me dijo como en la ilustración, lo mismo: Tienes una deuda de pecado en tu cuenta, que yo quiero pagar para borrarla. Yo la pagué ya en la cruz pero mientras no aceptes ese sacrificio como hecho en tu lugar, y aceptes buscar a Dios no como te enseñaron ni como tu crees sino a través de Jesucristo como está escrito, la deuda no podrá ser cubierta por mi sangre derramada.
Y si no lo aceptas, sin necesidad alguna lo tendrás que pagar tu. ¿Aceptas que la deuda existe, que yo la he pagado en tu lugar, y que el pago hecho por mi sufrimiento se a aplique a ti pagándola yo?“.
Yo acepté diciéndole: “Si reconozco esa deuda Jesucristo. Y reconozco que mi pecado merece la muerte. Pero también reconozco que tu moriste pagando esa deuda en mi lugar y yo acepto ese sacrificio que hiciste por mi, y me rindo a ti, y te doy mi vida. Te invito a vivir en mi corazón y quiero conocerte y tener una relación viva contigo diariamente.
Casi son las tres de la tarde. Hace poco mas de 2000 años, el Cordero de Dios fue crucificado justo a las 3 PM, siendo el primer cordero sacrificado de esa pascua.
Y al convertirse en el Cordero de Dios real -la substancia- todos los demás corderos antes y después de esta hora de esta pascua -el símbolo- quedarían sin utilidad alguna pues su propósito era exclusivamente de anuncio profético, de que vendría el día que hoy recordamos.
Y aquel día llegó y desde entonces, ningún sacrificio más -de ningún cordero- fue necesario para recibir el perdón de pecados. Se siguieron haciendo.
Se siguen haciendo hasta hoy.
Porque no han creído lo sencillo del anuncio quizá por su propia sencillez.
Es por fe (requiere que creas).
Es por gracia (es un regalo de Dios).
Es como dice la Escritura (para tener una relación de recibir Su regalo y entregarle a El nuestro corazón).
Hasta un niño podría entenderlo. Es sencillo. Es simple. Pero no por ello menos poderoso.
De hecho, la salvación y la vida eterna son lo más tangible y poderoso que pueda existir en esta dimensión llamada física y trasciende también hasta la que no se ve -la espiritual- y que es más real que la visible.
Sólo tiene allí donde recibe o donde lee esto, caminar estos tres pasos:
Tener FE en EL. Es por fe (requiere que creas).
Aceptar que no puedo generar por mi propio esfuerzo o mi propio bien, tal salvación. Es por gracia (es un regalo de Dios).
Aceptar en mi corazón que es y debe ser como dice la Biblia Su Palabra (Juan 1.12) . Es como dice la Escritura (para tener una relación de recibir Su regalo y entregarle a El nuestro corazón).
Si lo cree, puede decirle a EL incluso las mismas que yo le dije ”Si Señor, yo reconozco esa deuda Jesucristo. Y reconozco que mi pecado merece la muerte.
Pero también reconozco que tu moriste pagando esa deuda en mi lugar,
y yo acepto ese sacrificio que hiciste por mi, y me rindo a ti, y te doy mi vida.
Te invito a vivir en mi corazón y quiero conocerte y tener una relación viva contigo diariamente. o con las suyas propias.
Si lo hace Dios se revelará en su corazón y usted le conocerá más.
Hoy será una tarde triste y llena de angustia. La crucifixión y el castigo brutal al que fue sometido siendo Jesucristo inocente, nos arruga el corazón. Pero…
…sabemos que la historia no quedó allí.
Espere al tercer día.
La tumba vacía.
Mas de 500 testigos testificando que le vieron vivo.
La ristra de muertos que resucitaron luego de la ventana de luz que se abrió sobre el mundo para que por el poder del Espíritu Santo resucitara de entre los muertos abriendo en su estela aledaños sepulcros.
Esa es una fiesta que no me quiero perder aquí en la tierra… y no me la voy a perder en la eternidad.
Le deseo bendiciones en su encuentro con el resucitado.
Que El lo cobije con su amor, su gracia, su misericordia y su luz.
Un cordial saludo,
David.